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El conflicto en Medio Oriente y su impacto en el precio de los combustibles en Argentina

El recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente durante 2026 volvió a poner en jaque los precios de los combustibles a nivel global. Para la Argentina, la crisis en el Estrecho de Ormuz y el Bab al Mandeb no es un problema lejano: cada bombardeo sobre Irán o cada ataque de los rebeldes hutíes a buques petroleros tiene su correlato en los surtidores del país.

La dependencia del precio internacional del crudo, la necesidad de importar combustibles refinados y la incidencia de los impuestos locales convierten al mercado energético argentino en un termómetro sensible de la geopolítica global. En esta nota, analizamos los mecanismos que conectan el conflicto bélico con el bolsillo de los conductores y cómo las petroleras y el Gobierno intentan amortiguar el impacto.

El disparador: la guerra que cerró dos estrechos clave

El conflicto comenzó a fines de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar sobre Irán. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 por ciento del petróleo y el gas natural licuado del mundo, disparó el precio del barril de Brent de 67 a casi 120 dólares en apenas semanas.

Pero el escenario se volvió aún más complejo cuando el conflicto se extendió al Bab al Mandeb, el estrecho que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y que se había convertido en la ruta alternativa para que Arabia Saudita siguiera exportando crudo hacia Asia. Los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, declararon un "embargo marítimo" a los buques sauditas y atacaron instalaciones petroleras en la ciudad portuaria de Yanbu, donde opera la refinería más importante de la empresa estatal Aramco.

Como resultado, el precio del petróleo volvió a trepar: en apenas una semana, el Brent pasó de 89 a 101 dólares por barril, según reportes de fines de julio.

El mecanismo de traslación: del barril al surtidor argentino

El impacto en Argentina se produce por dos vías principales. La primera es el precio internacional del crudo, que sirve de referencia para las operaciones locales. La segunda es la escasez de productos refinados que genera el conflicto. El bloqueo del Estrecho de Ormuz generó una escasez no solamente de crudos sino de productos destilados como las naftas y el gasoil.

Esta distorsión explica por qué el valor de los combustibles en los surtidores argentinos no sigue al pie de la letra la cotización del barril. La escasez de naftas y gasoil refinados en el mercado internacional presiona los precios al alza, incluso cuando el crudo muestra cierta estabilidad.

En la cadena de formación de precios, el costo del petróleo importado o exportado representa aproximadamente el 20 por ciento del valor final del litro de nafta. El resto corresponde a impuestos (40 por ciento), costos de refinación y logística, y márgenes comerciales.

El "buffer" de YPF: un escudo contra la volatilidad

Ante la escalada de precios, YPF tomó una decisión clave en abril de 2026: desacoplar los precios locales de la volatilidad internacional durante 45 días, un mecanismo que la petrolera denominó "buffer". La medida, que luego fue replicada por el resto de las empresas del sector, buscaba evitar que los aumentos del Brent se trasladaran de manera automática a los surtidores.

El "buffer" es en esencia un mecanismo de estabilización de precios que funciona absorbiendo parte de la suba del crudo internacional y postergando su traslado al mercado interno. De esta manera, el precio al consumidor no refleja en tiempo real las oscilaciones bruscas del mercado global, sino que se va ajustando de manera gradual.

Sin embargo, la paz en el Estrecho de Ormuz duró poco. El alto el fuego que Estados Unidos e Irán habían firmado en junio quedó en ruinas cuando el gobierno estadounidense ordenó nuevos bombardeos a principios de julio, lo que volvió a disparar el precio del petróleo. Como resultado, el proceso de "recuperación" del buffer se dilató y el equilibrio entre el precio internacional y el local se sigue postergando.

El impacto en el bolsillo: casi $39.000 extra por mes

La guerra en Medio Oriente ya dejó una huella profunda en los hogares argentinos. Un informe de la consultora Economía & Energía precisó que los hogares con automóvil gastaron casi $39.000 extra por mes en nafta desde el inicio del conflicto.

El cálculo se desprende del incremento acumulado en los precios de los combustibles desde febrero de 2026. La nafta súper registró un aumento del 24 por ciento, mientras que la premium lo hizo en un 19,7 por ciento. Para un hogar que consume el promedio de 75 litros de nafta súper y 26,2 litros de premium por mes, el gasto mensual adicional asciende a $38.874. Si los precios se mantuvieran en los niveles actuales, el desembolso extra anual ascendería a casi $466.500.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estimó que el conflicto podría sumar entre 0,9 y 2,5 puntos a la inflación anual de Argentina, dependiendo de la evolución del precio de la energía. En un escenario intermedio, el impacto sería de 1,4 puntos, un número que no es menor en un país con alta sensibilidad a los precios de los combustibles.

El dilema: entre los impuestos y el precio internacional

Hay un factor adicional que complica el panorama: la suba de impuestos. Según un informe del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal), entre febrero y julio de 2026, los impuestos a los combustibles (ICL e IDC) sumaron más de $73.000 millones de recaudación adicional por la actualización automática de estos tributos, que está atada a la inflación y al tipo de cambio.

El impacto fiscal es significativo. El ICL pasó de representar $15 por litro en enero de 2026 a más de $45 en julio, lo que explica aproximadamente el 30 por ciento de la suba total de precios. Para el gasoil, el incremento impositivo fue aún más pronunciado: el ICL pasó de $8 a $38 por litro en el mismo período.

El Gobierno justifica la actualización impositiva como necesaria para sostener el equilibrio fiscal, pero el timing no podría ser peor: en medio de un conflicto internacional que ya disparó los precios del crudo, la suba de impuestos profundiza el impacto en los surtidores y traslada al consumidor una carga que, en otras circunstancias, podría ser amortiguada por el Estado.

El barril criollo: una herramienta que se vuelve clave

Argentina cuenta con una herramienta que atenúa el impacto de la suba del Brent: el barril criollo. Este mecanismo, establecido por decreto, fija un precio de referencia para el crudo producido en el país que está parcialmente desacoplado del valor internacional.

En julio de 2026, el barril criollo se mantiene en torno a los 65 dólares, mientras que el Brent ronda los 101 dólares. Esta brecha de 36 dólares permite que las petroleras que operan en Vaca Muerta y otras cuencas locales tengan un costo de crudo significativamente menor que el de sus competidores que dependen de importaciones.

Sin embargo, la protección no es total. Como explicó el presidente de YPF en una reciente presentación ante inversores, "el barril criollo nos da un colchón, pero no nos aísla del mundo. Cuando el Brent sube a 100 dólares, los precios locales también tienen que ajustarse, aunque sea con un rezago y con una intensidad menor".

Además, el barril criollo no aplica a todos los productos. Las naftas y el gasoil que se importan para cubrir la demanda interna (alrededor del 15 por ciento del consumo total) pagan el precio internacional completo, lo que introduce un componente de presión alcista que el barril criollo no puede contener.

El rol de Vaca Muerta y la capacidad de refinación

En este contexto, la producción récord de Vaca Muerta adquiere una relevancia estratégica. El yacimiento no convencional de Neuquén ya representa más del 40 por ciento de la producción total de crudo del país y alrededor del 60 por ciento de la producción de gas natural.

Gracias a este crecimiento, Argentina redujo significativamente sus importaciones de combustibles líquidos. En el primer semestre de 2026, la importación de naftas y gasoil cayó un 35 por ciento en comparación con el mismo período del año anterior, según datos de la Secretaría de Energía.

Este mayor autoabastecimiento funciona como un escudo frente a la escasez de productos refinados que genera la guerra. A diferencia de otros países de la región que dependen casi exclusivamente de importaciones, Argentina puede cubrir la mayor parte de su demanda con producción local, lo que le otorga un margen de maniobra mayor para administrar los precios internos.

Sin embargo, la capacidad de refinación sigue siendo un cuello de botella. Las refinerías argentinas operan cerca del 85 por ciento de su capacidad instalada, pero la demanda de combustibles crece al 3 por ciento anual, impulsada por la recuperación económica y el parque automotor. Esto obliga a mantener cierto nivel de importaciones, que es precisamente el eslabón más expuesto a la volatilidad internacional.

El impacto en el GNC: un alivio en medio de la tormenta

En este escenario de precios elevados de naftas y gasoil, el GNC emerge como una alternativa cada vez más atractiva. El gas natural comprimido no solo es el combustible más económico por kilómetro recorrido, sino que además su precio está mucho más desacoplado del conflicto internacional.

A diferencia del crudo, el gas natural argentino se produce casi en su totalidad en el país y su precio está regulado por la Secretaría de Energía en función de los costos de producción locales. La guerra en Medio Oriente impacta en el precio internacional del gas natural licuado (GNL), pero Argentina no importa GNL para abastecer el mercado de GNC vehicular, por lo que el efecto es indirecto y atenuado.

En julio de 2026, el metro cúbico de GNC en el AMBA se cotiza entre $550 y $690, dependiendo de la estación de servicio. Esto representa un costo por kilómetro que es aproximadamente un 40 por ciento inferior al de la nafta súper y un 35 por ciento menor que el del gasoil común.

La producción récord de Vaca Muerta ha permitido sostener estos precios competitivos y garantizar el abastecimiento incluso en los meses de mayor demanda invernal. Como resultado, las conversiones a GNC crecieron un 25 por ciento en el primer semestre de 2026 en comparación con el mismo período del año anterior, según datos del sector de talleres de instalación.

¿Qué esperar para los próximos meses?

El escenario futuro depende en gran medida de la evolución del conflicto. Si se logra un alto el fuego duradero, el precio del Brent podría retroceder a los 70-80 dólares, lo que aliviaría la presión sobre los precios locales. Sin embargo, la experiencia de los últimos cinco meses muestra que la estabilidad en Medio Oriente es frágil.

En el ámbito interno, el Gobierno enfrenta un dilema: por un lado, necesita mantener la recaudación fiscal que aportan los impuestos a los combustibles; por el otro, la inflación y el mal humor social ante el incremento de precios presionan para congelar o moderar los aumentos. La decisión de no trasladar la totalidad del ajuste del ICL en julio fue una señal en este sentido.

Las petroleras, por su parte, tienen sus propios márgenes de maniobra. La recomposición de precios que vienen aplicando desde marzo responde en parte a la necesidad de recuperar rentabilidad, pero también a la estrategia de no quedar atrapadas en un desfasaje entre costos e ingresos que las obligue a reducir inversiones.

Para los conductores, la recomendación es mantenerse informados sobre los precios en las distintas estaciones de servicio y considerar la posibilidad de migrar a GNC si el uso del vehículo lo permite. Como siempre, la decisión final depende de cada caso particular y de las prioridades de cada usuario.

Preguntas frecuentes sobre el impacto de la guerra en Medio Oriente en los combustibles en Argentina

¿Por qué la guerra en Medio Oriente afecta los precios de los combustibles en Argentina?
Argentina, como la mayoría de los países, está inserta en el mercado global de petróleo. El precio internacional del crudo impacta en los costos de producción e importación de combustibles, y las tensiones en Medio Oriente (como el bloqueo del Estrecho de Ormuz) reducen la oferta global y elevan los precios.

¿El barril criollo protege a Argentina del aumento internacional?
Sí, pero de manera parcial. El barril criollo fija un precio de referencia para el crudo local que está por debajo del Brent, lo que reduce el costo de la materia prima para las refinerías que operan con producción nacional. Sin embargo, no cubre las importaciones ni los costos de refinación, que también se encarecen cuando sube el precio internacional.

¿Qué porcentaje del precio de la nafta corresponde a impuestos?
En Argentina, los impuestos representan aproximadamente el 40 por ciento del precio final de la nafta y el gasoil. Esto incluye el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL), el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC) y el IVA. La actualización de estos tributos ha sido uno de los motores del aumento de precios en 2026.

¿El GNC también sube por la guerra en Medio Oriente?
En menor medida. El GNC se produce casi en su totalidad en Argentina a partir de gas natural de Vaca Muerta, por lo que su precio está más desacoplado de la coyuntura internacional que el de la nafta y el gasoil. El impacto indirecto se da a través del costo del transporte y la logística, pero es significativamente menor.

¿Cuánto subió la nafta en Argentina desde que comenzó el conflicto?
Desde febrero de 2026, la nafta súper acumula un incremento de aproximadamente el 24 por ciento, mientras que la premium subió un 19,7 por ciento. Estos aumentos incluyen tanto la traslación del precio internacional como la actualización de impuestos locales.

¿Conviene cambiar de combustible ante esta situación?
No hay una respuesta única, ya que depende del tipo de vehículo, el uso que se le dé y la disponibilidad de cada combustible en la zona. El GNC es la opción más económica por kilómetro recorrido, pero requiere una inversión inicial para la conversión. La nafta súper es la más equilibrada en relación precio-rendimiento para la mayoría de los autos del mercado argentino.

Panorama energético

El conflicto en Medio Oriente expuso una vez más la vulnerabilidad de los precios de los combustibles argentinos a la geopolítica global. Aunque el barril criollo y la producción récord de Vaca Muerta funcionan como amortiguadores, no logran aislar completamente al mercado local de las turbulencias internacionales.

La guerra en el Estrecho de Ormuz, la escalada de violencia en el Bab al Mandeb y los ataques a instalaciones petroleras sauditas generaron un cóctel de escasez y especulación que elevó el precio del Brent a niveles no vistos desde 2022. Este shock externo se combinó con la actualización de impuestos internos, lo que profundizó el impacto en los surtidores.

El resultado es un escenario de precios altos y sostenidos que ya impacta en el bolsillo de los hogares y en la competitividad de la economía. Para los conductores, la clave está en la información: conocer los precios de las distintas petroleras, evaluar la conveniencia del GNC y ajustar los hábitos de conducción para optimizar el consumo son las herramientas disponibles para transitar esta coyuntura.

El mercado energético argentino atraviesa una transformación estructural con Vaca Muerta como protagonista, pero el camino hacia una mayor independencia de la volatilidad externa aún requiere inversiones en refinación, transporte y almacenamiento. Mientras tanto, el bolsillo de los conductores seguirá atado, en buena medida, a lo que ocurra al otro lado del mundo.

Descargo de responsabilidad

El contenido de este artículo es exclusivamente informativo y periodístico. No constituye asesoramiento técnico, comercial, económico ni legal. Los precios de los combustibles pueden variar según la estación de servicio, la empresa comercializadora, la provincia y la fecha de consulta. La información presentada tiene fines descriptivos y puede modificarse sin previo aviso. Antes de tomar decisiones relacionadas con la compra de combustibles o actividades vinculadas al sector energético, se recomienda consultar las fuentes oficiales, las empresas comercializadoras y los organismos competentes. Las decisiones de consumo y contratación son responsabilidad exclusiva de cada usuario.

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